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Joven Academia de la OCG – la tradición continúa

1 abril, 2013

Seccion entera 3

Si seguimos así, dentro de poco le quitaremos el protagonismo a la Filarmónica de Viena y su “Neujahrskonzert” (o sea, el Concierto de Año Nuevo – imaginaos??!!)

 

Este año, un repertorio igualmente desafiante, difícil: B. Martinu-Concierto para oboe y orquesta, sin director (el director Hansjörg Schellenberger era, a la vez, solista y, lógicamente prefirió dedicarse mas a la tarea de tocar el oboe que a dirigir la orquesta – 😉 ); A. Honegger – Sinfonía “Litúrgica”; C. Debussy – “La Mer” y M. Ravel – Bolero.

En Martinu, el acompañamiento de la orquesta (compuesta mayoritariamente por los estudiantes de la Joven Academia) a gran nivel, bien capitaneados por el concertino Yorrick Troman, reaccionando con sorprendente veteranía a los gestos de éste y el fraseo y lenguaje corporal del solista; precisamente el lenguaje corporal es la única referencia visual que se ofrece a los músicos de la orquesta cuando la faceta del solista y director es compartida por la misma persona. La sección de contrabajos para esta pieza ha sido compuesta por Belén Pertiñez y Macarena Moya, enfrentándose solas a la tarea de acompañamiento con admirable solvencia.

En la Sinfonía de Honegger abundan detalles de gran dificultad, unido a los requerimientos ciertamente “atléticos” que se plantean ante los intérpretes (aguante, energía y su administración eficaz). Para los contrabajos, los pasajes de mayor dificultad técnica se centran en torno al primer tiempo, donde los tramos de corcheas seguidas y a bastante velocidad, con cierto aire shostakovichiano en cuanto a virtuosismo y rigor, ponen de manifiesto aquellos requerimientos.

Estupenda sección de chelos al principio del segundo tiempo, donde un pasaje “cantabile” muy agudo, como si se tratara de la pieza solista de mas alto nivel, puso a prueba (bien superada, por cierto) la afinación colectiva y el sentido de fraseo unificado.

La parte de contrabajo en “La Mer” de Debussy no requiere tanto estudio diario y tenaz que precisan ciertas piezas del sinfonismo austro-germano o eslavo; la dificultad de las piezas de Debussy consiste mas bien en estar alerta en todo momento, en desarrollar y poner en práctica el sentido de pensar y reaccionar por adelantado, de rememorar y recrear las melodías que se acompañan antes de que estas sonaran, de predecir, presentir los cambios de tiempos, accelerando o rallentando. Al carecer de esta previsión también carecemos de la capacidad de reacción, que engendra el peligro de quedarse atrás, descolgados. Y cuando esto le sucede a los contrabajos, que son la base del aparato de cuerda y, en mucho sentido, la base de la orquesta entera, el problema puede resultar mayúsculo.

Precisamente ensayando se desarrollan dichas habilidades, cuando se trata de la problemática que plantea Debussy. Y aquí residió la fuerza y el mérito de los chicos de la Joven Academia (y de los contrabajos en particular, que no desaprovecho la oportunidad de subrayarlo!), de estar atentos y concentrados durante los ensayos, para que el nivel de mentalización necesario para una buena interpretación sea del máximo nivel.

El archiconocido “gran crescendo” de Maurice Ravel estaba caracterizado por las formidables intervenciones individuales, de dúos, tríos, secciones o conjuntos de secciones, además (o en primer lugar) de la maquinaria rítmica impecable de las cajas. Nombrarlos a todos significaría alargar esta entrada a otra página y, para evitarlo, les doy la enhorabuena a todos.

Por el espléndido trabajo de las chicas y chicos, por su entusiasmo, entrega y agradecimiento. Por las ganas con las que acudían a los ensayos y conciertos, algunos llegando desde tan lejos como Castilla-León o Islas Canarias. Por su seriedad, responsabilidad, disciplina y puntualidad – las cuatro patas que sostienen la profesionalidad.

Para acabar, mi enhorabuena a los jóvenes contrabajistas, que en esta ocasión se convirtieron en colegas de atril y, siendo alumnos, ejercieron de mis (grandes) profesores.

En la foto, de izquierda a derecha, primera fila: Belén Pertiñez, Samanta de León, Macarena Moya, Xavier Astor, Amador Macía, Alfonso Lozano. Segunda fila: Lucia Mateo, Frano Kakarigi, Günter Vogl.

 

 

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