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Crónicas del foso, Vol. 1

11 septiembre, 2014

portada

La primera ópera que voy a tocar en Liceu, siendo el miembro de la plantilla, es “Il Barbiere di Siviglia” (“El Barbero de Sevilla”), la quintaesencia de la ópera bufa, con Gioacchino Rossini, el autor de la música, como el máximo representante de éste género.

La ópera, que trata sobre los sentimientos amorosos en clave de humor (para no explayarme dando las explicaciones, pues ya existe la documentación abundante y de calidad acerca de ella), es de una duración “habitual” para una ópera. Consiste en dos actos, el primero de aproximadamente 90 minutos y el segundo de una hora.

El papel de contrabajo es fundamentalmente de acompañamiento, como es de lógica; sin embargo, los momentos donde estamos involucrados en la textura virtuosística del tejido orquestal son mas frecuentes que en las obras de otros compositores de las óperas de belcanto, exceptuando Verdi.

Ya en la obertura, en la coda final de la misma, Rossini nos honra con un “obsequio” en forma de un pasaje tumultuoso y breve (cuatro compases, que se repiten diez compases mas tarde). La tonalidad de Mi-mayor no es la mas idónea para desenvolverse con la secuencia rápida de las corcheas, pero es perfectamente asequible (Più mosso, quinto compás después del número 17 de ensayo):

obertura

Hay que tener en la mente que el Più mosso es a la breve con la unidad métrica de blanca a la velocidad considerable (en metrónomo, la pulsación de la blanca iría a 110 o más).

Mí solución personal a este pasaje en cuanto a las digitaciones sería:

ejemploOtro detalle que me llamó la atención es el último tramo al final del primer acto (la parte titulada como “Finale” se extiende a unas 5 o 6 páginas) y, en los términos deportivos, es como terminar una carrera de diez mil metros con un esprint:

finale

Aquí, como en el ejemplo anterior, la unidad métrica es la blanca y la pulsación de metrónomo es aproximadamente de 100, que es, creo, el límite para que los tresillos se entiendan; a pesar de todo, mi impresión personal es que Rossini, antes de buscar la claridad y transparencia a la hora de interpretar el pasaje, quiso conseguir un ambiente efectista y explosivo, lleno de frenesí y virtuosismo, muy apto para el final de un acto. La orquestación es tutti, con el pasaje que menciono haciendo el unisono con la cuerda grave, la condición que, por si sola, indica que la intención sonora era de impresionar, antes que de explicar.

Como dije anteriormente, el pasaje enlaza con un final ya por si bastante extenso y, en definitiva, con el primer acto en el cual la mayoría del tiempo estamos tocando. Por eso, ciertas habilidades “atléticas” del instrumentista (o sea, de aguante) son mas que bienvenidas. Y cuando una pieza de estas características es lo primero con lo que topas a la vuelta de las vacaciones, es muy recomendable que te permitas tan solo una semana o diez días totalmente alejado del contrabajo.

Como los deportistas. Disfrutamos de las vacaciones, pero sin desconectar de la actividad profesional.

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