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Crónicas del foso Vol. 5 Los dioses en apuros

20 marzo, 2016

richard-wagner

Acabamos de cerrar en el Liceo barcelonés la serie de representaciones de Götterdämmerung de Richard Wagner, la última de las cuatro óperas de la tetralogía “El anillo del nibelungo”.

En está entrada originalmente pensaba abordar la problemática de manera ya habitual como lo hacía con lo anteriormente descrito en el ciclo “Crónicas del foso”, pero enseguida me dí cuenta que la cantidad de material que se podría analizar es descomunal, lo que convertiría esta entrada en un cuento de nunca acabar. Por eso he decidido enfocarlo desde el punto de vista puramente físico, adentrándome en el aspecto “atlético” que la interpretación de esta ópera plantea.

Con sus aproximadamente cinco horas y veinte minutos (incluyendo dos descansos, uno de media hora y otro de veinte minutos, respectivamente), es la mas larga de la Tetralogía y, posiblemente, la mas larga de todas las óperas compuestas por Wagner.

Para empezar, el Prólogo (Vorspiel) del primer acto dura unos cuarenta minutos. Salvo el gran tutti orquestal, ya hacia el final del Prólogo (que se desarrolla a continuación de la famosa llamada de trompa), no hay intervenciones prolongadas para la sección de contrabajos, pero si importante y, en ocasiones intenso protagonismo en forma de soporte armónico, rítmico o contrapuntistico. El característico patrón rítmico “punteado” (el ritmo sucesivo de corchea con puntillo y semicorchea) aparece muy pronto en el prólogo y continua como un hilo conductor a lo largo de toda la ópera. Wagner utilizaba nuestro instrumento para describir musicalmente los momentos dramáticos, de amenaza o tenebrosidad, pero también para los momentos de lirismo melancólico. Abundan los ejemplos de separación con la línea de chelos, quizás por eso son numerosos casos donde Wagner nos asigna los pasajes en divisi por octavas.

El primer acto, de casi dos horas de duración, termina con un estruendoso comentario de tutti orquestal.

El segundo acto dura algo mas de una hora, pero es de inmensa intensidad interpretativa; un poco antes de dar lugar la tercera escena, el empleo de la orquesta es formidable y sin tregua. Los momentos que describen la épica, la conspiración, la traición o la venganza suceden magistralmente, de la velocidad cinematográfica.

En cuanto a la dificultad técnica, entre los numeroso ejemplos resaltaría aquel que se repite con cierta redundancia, de nuevo el pasaje de ritmo “punteado”, cuya última semicorchea forma una sexta ascendente (a veces menor, a veces mayor) respecto a la nota anterior y una sexta o incluso una séptima respecto a la nota posterior. Dado que el tempo es mas bien rápido, este pasaje requiere mucha agilidad y cierta dosis de preparación extra. Otro pasaje que me llamó la atención no plantea gran dificultad mecánica, pues es una breve respuesta de contrabajos, junto con los chelos  “soli” a gran solo de clarinete bajo que da lugar instantes antes. Aparece casi a principio de la segunda escena, es una línea melódica de gran belleza lírica. Tan solo cuatro compases para lucir el cálido sonido aterciopelado, la afinación colectiva impecable y gran sentido para conseguir un sugerente legato.

En el tercer acto, de duración de unos 75 minutos , la parte central es el cortejo fúnebre de Siegfried, un monumental lamento. Esto, claro, no es todo, ni mucho menos. El dramatismo o la tensión no decrecen, sino todo lo contrario: la entrada de una fuerte y valiente Brünhilde tiene el soporte en igualmente poderoso discurso instrumental. El omnipresente patrón de ritmo “punteado” vuelve en p o en ff , pero siempre con vigor; la línea melódica asignada a contrabajos (similar a la del segundo acto) es una vez al unísono con el clarinete bajo, otra en contrapunto con el viento-metal y los fagotes; el virtuoso pasaje de los seisillos ya en la parte de la coda final es desafiante, pero a la vez asequible; y, como requiere el épico final, un pasaje de tutti y en ff , construido con los elementos anteriores (ritmo punteado y semicorcheas descendientes).

He pensado que tal vez sería útil e interesante mencionar unos cuantos detalles estratégicos que empleé (con mas o menos acierto) con tal de dotarle una cierta eficacia a este reto:

  • Mentalizarse que la velada será muy larga, pero a la vez fluida. Por mucho que dure, cuando transcurre con fluidez, se hace mas llevadero.
  • Estar preparado que en cualquier momento puede llegar un bajón en el rendimiento. Esto ocurre mas bien a partir de tercera hora del espectáculo, cuando ya el cansancio se apodera de uno; sin embargo, no existe una regla fija al respecto.
  • En los momentos de acompañar a los cantantes, bajar el volumen y la intensidad, ahorrando así la energía.
  • Estar especialmente alerta durante los largos compases de espera. Son peligrosos porque fácilmente podemos desconectar. Relajarse durante estos momentos si, pero atentos, con ojos abiertos.
  • Aprovechar estos momentos de espera para beber el agua (el anonimato del foso nos brinda este privilegio). Unos pocos sorbos discretos pueden tener un efecto sorprendentemente revitalizador. Durante esta acción nunca perder de vista el “panorama” que atravesamos.
  • Comer chocolate o plátano durante la pausa. Chocolate es un excelente energizante y el plátano, rico en potasio, favorece la musculatura.
  • Apoyarse en los compañeros de la sección. Cada uno puede servir como fuente de energía y cada uno está dispuesto de prestar su energía al compañero que anda bajo de ella. Esto puede sonar a esoterismo o fenómenos paranormales, pero en muchas ocasiones he observado y experimentado ese intercambio y la comunión a un nivel difícilmente explicable.
  • Dejar que la música inspire. La línea melódica sugerente o un solo excelentemente interpretado, tanto individual como por parte de una sección entera, pueden motivarnos de manera milagrosa.
  • Si he cometido un fallo (he tenido una entrada falsa, o no he entrado donde debía), ignorar este fallo inmediatamente. Lamentarse de ello de manera prolongada (interiormente, claro) significa la perdida de concentración. Es un lujo que en estos momentos uno no se puede, ni debe permitir.
  • Igual sucede si he escuchado fallar a otro compañero, sea de la propia sección, sea de cualquier otra. Tan pronto que fallo ha sucedido, es pasado, es anécdota. En una interpretación pública todos formamos parte del mismo espectáculo, todos somos un solo equipo.

Esta ópera es un auténtico reto, como, acertadamente, afirman muchos.

Añadiré, el reto para los solistas, para la orquesta, para el director, incluso para el público. Lo que me resulta asombroso es la capacidad de adaptación al nivel del interprete, tanto mía como del resto de los compañeros músicos, en afrontar este reto en seis ocasiones.

En gran medida, será porque la música es poderosa y sugerente, contraponiéndose ternura y sensibilidad a esta vehemencia de manera increíble; estos componentes son una garantía a que la música, tanto cantada como instrumental, inspire, motive, hasta nos llene de euforia. Tan solo hace falta entregarse a ella.

En las palabras de un erudito, la tetralogía supone la historia de una autodestrucción; otros estudiosos sugieren, incluso, que Wagner usó esta metáfora como crítica del capitalismo, el sistema emergente en sus tiempos. Si ésta hipótesis fuera cierta, al ver como se ha convertido en un monstruo ya completamente carente de humanidad y empatía, dicha crítica adquiere dimensiones visionarias.

Lo que a mi respecta, esta vivencia la entiendo como un aprendizaje, significativo y valioso. Y me siento enormemente agradecido por ello.

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