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Cuando permitimos que lo humano brille

Los directores de la orquesta autoritarios me resultan incluso mas odiosos que los políticos autoritarios. Sin embargo, cuando veo en la cara de estos directores una sonrisa, casi infantil (por sincera), cuando la orquesta suena como él (o ella) quisiera, este gesto de agradecimiento profundo y no fingido supera lo autoritario y yo, por mi parte, también lo agradezco. Y celebro su humanidad, que se impone por encima de todas las actitudes estúpidas, aprendidas o como el resultado de no-se-que complejo o trauma vivido o experimentado.

El triunfo de la humanidad, pues, en forma de una sonrisa infantil y sincera, que cada uno de los músicos sabemos que es imposible de fingir.

Y, dando el siguiente paso, esa sonrisa infantil que sale a cada uno de nosotros, por lo menos de vez en cuando, y que cualquier miembro de la extensa  familia humana lo nota y lo percibe como nuestra esencia, nuestra humanidad genuina.

Crónicas del foso, Vol. 1

portada

La primera ópera que voy a tocar en Liceu, siendo el miembro de la plantilla, es “Il Barbiere di Siviglia” (“El Barbero de Sevilla”), la quintaesencia de la ópera bufa, con Gioacchino Rossini, el autor de la música, como el máximo representante de éste género.

La ópera, que trata sobre los sentimientos amorosos en clave de humor (para no explayarme dando las explicaciones, pues ya existe la documentación abundante y de calidad acerca de ella), es de una duración “habitual” para una ópera. Consiste en dos actos, el primero de aproximadamente 90 minutos y el segundo de una hora.

El papel de contrabajo es fundamentalmente de acompañamiento, como es de lógica; sin embargo, los momentos donde estamos involucrados en la textura virtuosística del tejido orquestal son mas frecuentes que en las obras de otros compositores de las óperas de belcanto, exceptuando Verdi.

Ya en la obertura, en la coda final de la misma, Rossini nos honra con un “obsequio” en forma de un pasaje tumultuoso y breve (cuatro compases, que se repiten diez compases mas tarde). La tonalidad de Mi-mayor no es la mas idónea para desenvolverse con la secuencia rápida de las corcheas, pero es perfectamente asequible (Più mosso, quinto compás después del número 17 de ensayo):

obertura

Hay que tener en la mente que el Più mosso es a la breve con la unidad métrica de blanca a la velocidad considerable (en metrónomo, la pulsación de la blanca iría a 110 o más).

Mí solución personal a este pasaje en cuanto a las digitaciones sería:

ejemploOtro detalle que me llamó la atención es el último tramo al final del primer acto (la parte titulada como “Finale” se extiende a unas 5 o 6 páginas) y, en los términos deportivos, es como terminar una carrera de diez mil metros con un esprint:

finale

Aquí, como en el ejemplo anterior, la unidad métrica es la blanca y la pulsación de metrónomo es aproximadamente de 100, que es, creo, el límite para que los tresillos se entiendan; a pesar de todo, mi impresión personal es que Rossini, antes de buscar la claridad y transparencia a la hora de interpretar el pasaje, quiso conseguir un ambiente efectista y explosivo, lleno de frenesí y virtuosismo, muy apto para el final de un acto. La orquestación es tutti, con el pasaje que menciono haciendo el unisono con la cuerda grave, la condición que, por si sola, indica que la intención sonora era de impresionar, antes que de explicar.

Como dije anteriormente, el pasaje enlaza con un final ya por si bastante extenso y, en definitiva, con el primer acto en el cual la mayoría del tiempo estamos tocando. Por eso, ciertas habilidades “atléticas” del instrumentista (o sea, de aguante) son mas que bienvenidas. Y cuando una pieza de estas características es lo primero con lo que topas a la vuelta de las vacaciones, es muy recomendable que te permitas tan solo una semana o diez días totalmente alejado del contrabajo.

Como los deportistas. Disfrutamos de las vacaciones, pero sin desconectar de la actividad profesional.

Cuando el verano se acaba

Valida 1

Faltan seis días aproximadamente para que algunos medios de comunicación (telediarios en particular) empiecen con su jilipollez preferida: hablar como de triste, deprimente y malafollá es el final de las vacaciones de verano y vuelta al trabajo.

Como si ignoraban que casi seis millones de ciudadanos de este país se darían tortas para experimentar esa clase de “depresión”. Una falta de respeto hacia tantos y tantos parados, una costumbre indecorosa.

Para sumarme a esta “moda” indecente (con todo el sarcasmo que se lo merece), recomendaría no separarse durante las vacaciones de las herramientas de trabajo de uno. Personalmente, procuro separarme lo menos posible de mis dos “compañeras de profesión”. Hasta las llevo a tumbarse a la terraza conmigo.

P.D. Todavía no me ha llegado la carta del fiscal general acusándome de poligamia 😉

NeoArs. Sonora

Un domingo al mediodía no es precisamente el momento para tragarse la música contemporánea actual en grandes dosis. Por lo menos, no con regularidad.

Sin embargo, el domingo pasado, 29 de junio, este trago me resultó apetecible, agradable.

Enriquecedor y lleno de los detalles asombrosos. Los protagonistas eran Ensemble NeoArs Sonora, un conjunto de, mayoritariamente, integrantes de la Orquesta Ciudad de Granada y cuya vocación a la hora de interpretar las composiciones de los autores españoles de la actualidad queda sobradamente demostrada.

neoars

Era un programa variopinto (las piezas de César Camarero, Juan Alfonso García, Francisco Guerrero, Jesús Torres y Carlos Satué) y de una exigencia interpretativa considerable.

La pieza de César Camarero, “Música para contemplar la evolución de una ola a cámara lenta” era de una elocuencia tan sugerente como su propio título. Llena de colores, timbres y ambientes.

“Toccata” de Juan Alfonso García, a pesar de atonal en cuanto a la sonoridad, tenía guiños hacia los orígenes de la música clásica, ademas de una arquitectura y forma que dejaban de manifiesto que su autor echaba, de vez en cuando, la mirada atrás, siempre consciente que sus pies pisaban el siglo 21.

De esto se percató Antonio Jesús Cruz, solista al piano, el instrumento al que la pieza estaba dedicada.

“Zayín VI” para violín solo de Francisco Guerrero encontró en la violinista Atsuko Neriishi un interprete digno de estas páginas, cuya increíble densidad y tensión ponen a prueba la técnica y el dominio del violinista (de la violinista, en este caso), especialmente de sus recursos de la mano derecha. Mi impresión personal, al escuchar repetidas disonancias, (muchas de ellas estridentes), trinos y armónicas artificiales, era que esta pieza es, en cierto modo, la invitación de asomarse cada uno de nosotros a nuestros propios abismos, a reconocer nuestras obsesiones y neurosis. Porque son parte de nuestra humanidad.

“Episodios” de Jesús Torres para violín, chelo, clarinete, flauta y piano (igual instrumentación como para “…ola…” de César Camarero) fue presentada como la pieza textual y sonoramente muy contrastante, además de poseer una considerable carga rítmica.

Cerró el programa la obra de Carlos Satué, “Ex pluribus naturis”; confieso que no me dio tiempo indagar el porqué de este título, pues me cautivó su lenguaje sonoro, semejante, a mi parecer, a los experimentos de último Miles Davis. Pieza de gran virtuosismo, un verdadero escaparate para las habilidades interpretativas de Marc Paquin al violín, de Kathleen Balfe al chelo, de Ildefonso Moreno al clarinete, de Juan Carlos Chornet a la flauta (que también demostró sus dotes como director, al marcar el compás y dar la entrada a los compañeros que lo requerían; una habilidad ciertamente admirable, teniendo en cuenta que con otra mano sujetaba la flauta), de Noelia Arco al vibráfono y de nuevo, Antonio Jesús Cruz, pianista.

El virtuosismo individual, pero también en el elemento camerístico, traducido en pasajes “a duo”, combinaciones instrumentales entre chelo y clarinete bajo, violín y flauta piccollo, piano y vibráfono. Algunos eran verdaderos “riffs”, pasajes al unísono entre dos o mas instrumentos que requerían gran cantidad de trabajo de preparación y gran dosis de concentración.

Un concierto espectacular. Todo un evento, una clase magistral de la interpretación. Por ello, los interpretes de este domingo al mediodía tienen mi mas calurosa ovación!

Tarjeta roja directa

Hoy, en el granadino Auditorio Manuel de Falla, a las 20,30 la OCG, ofrecerá un concierto benéfico a favor de la campaña de la OIT por la erradicación de la explotación laboral de menores de edad. Acompañaremos en esta ocasión a una fantástica Pilar Jurado. Tenemos preparadas las tarjetas rojas que, simbólicamente, esgrimiremos a esta deplorable práctica.

tarjeta roja

Al hecho que cientos, quizás miles de niños trabajan 18 (o mas) horas al día en una fábrica, privados de atención médica, de eduación, del tiempo para jugar, para divertirse con sus amigos, de pasear con sus padres, o de, simplemente, dormir un fin de semana hasta las tantas.

A estos hechos siempre voy a sacar una tarjeta roja. Las veces que haga falta.

Pero también quiero reflexionar un poco mirando las cosas desde otra perspectiva, desde el angulo contrario: las multinacionales que emplean a los niños (que, evidentemente no son las Hermanas de Madre Teresa de Calcuta, Caritas tampoco; cuidan primordialmente sus beneficios, su rentabilidad, su competitividad), sin embargo, ofrecen una paga. Mísera, eso si, pero de esa miseria viven sus empleados menores de edad; en muchos casos, además, sus familias enteras. Y sobre todo, los ofrecen (sin que eso sea su finalidad, insisto) una alternativa a que sean capturados por las redes de prostitución o del crimen organizado.

Lo que me hace pensar que el verdadero problema a esta lacra es mucho mas profundo y mas amplio: un sistema incapaz de ofrecer una mínima escolarización y una mínima asistencia sanitaria en muchos, demasiados rincones del planeta. Un sistema que no favorece a que el núcleo familiar sea la protección, el cobijo, el calor, la alegría. Todo lo contrario, lo mina, lo torpedea. Un sistema despiadado, falto de humanidad y de empatía. Irónicamente, las multinacionales que se instalan en los países donde tienen garantizada la mano de obra baratísima (y consiguientes beneficios multimillonarias), suplen parcialmente, y de manera muy escasa, las necesidades de los niños que trabajan para ellos y de sus familias. No nos engañemos, es una asistencia residual, “de rebote”, una labor social a causa de impotencia e ineficacia de estos países a la hora de afrontar sus propios dramas humanos y sociales.

Un sistema pervertido donde con todo se especula, donde todo es negocio. Un sistema que, de facto, ha institucionalizado la injusticia y la desigualdad.

Un sistema que me parece ya tan enfermo que me pregunto si sacarle tarjeta roja directa o comprarle una caja de pastillas rojas.

¡El honor es mio, maestro!

Un 11 de junio como hoy, me ha dado por salir de la vientre de mi mamá. No sé con exactitud, pero puede que empecé a “dar la lata” ya pasada la medianoche, porque mi recta final lo completé a las 5,20 , según la partida de nacimiento (el ayuntamiento de Dubrovnik ha decidido incluir la información de la hora hace relativamente poco).

Tiempo después, mientras preparaba mi examen de la historia de música en el Conservatorio Superior en Zagreb, me topé con la información que el mismo día, el mismo mes y unos cuantos años antes, había nacido el grande y, ciertamente polémico, Richard Strauss.

Strauss jóven

A parte de sentirme honrado por esta ¿coincidencia? , quiero subrayar con que gusto y entusiasmo afronté y sigo afrontando sus piezas cuyo listado es bastante prolongado y por lo que me siento afortunado.

En vez de detenerme en algún detalle polémico de su vida, quiero contar una historia narrada por el célebre director croata Lovro von Matačić, otro cuyo nombre estuvo también vinculado a las polémicas:

Una vez a Strauss se le acercó Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Alemania nazi y se lo soltó, aparentemente relajado y sin mencionar el nombre: “ ¿No cree, maestro, que sería buena idea componer un otro ‘ Ein Sommernachtstraum ‘ (El sueño de una noche de verano)?”

a lo que Strauss le respondió: “ ¡pero yo al de Mendelssohn no le veo fallo alguno! “

Ciertamente, no le faltaba valor a la hora de llamar cosas por su nombre. O temeridad, ya que este tipo de valor en aquellos tiempos se pagaba caro…

Al entrar el hambre…

¿Has dedicado toda la mañana a estudio de Dragonetti, Valls, Hindemith, Koussevitzky…?

¿A las tantas de mediodía se te abrió el apetito?

¿Estas dispuesto a dedicar, en forma de cambio de la actividad, unos 45 minutos para prepararte un plato sabroso?

Aquí va mi sugerencia, se llama “Arroz a la Milanesa”:

Necesitarás una cebolla, un vaso de vino blanco para cocinar, una pizca de azafrán, una pastilla de caldo de pollo, arroz (largo, al ser posible, aunque cualquier tipo de arroz funcionará), aceite de oliva, sal, queso rallado (Emmental, al ser posible) y mantequilla.

-corta finamente una cebolla del tamaño medio, o media cebolla si es grande;

-cuece, hasta hervir, una pastilla de caldo de pollo en entre ¾ de litro y 1 litro de agua;

-fríe, en un recipiente ancho y poco profundo (una cazuela normal, vamos) la cebolla con aceite de oliva hasta que cambie ligeramente de color;

-añade el arroz (una taza y media de café dan para dos platos) y fríelo un poco;

-añade el vino blanco y remuévelo;

-añade azafrán antes que el vino se haya secado, siempre removiendo

-cuando ves que el arroz ya se está quedando seco y ha adquirido el color amarillento (por el azafrán), vierte aproximadamente 150-200 ml de caldo del pollo, sin dejar de remover (dicha cantidad es aproximada, personalmente lo hago “a ojo”); baja la temperatura a medio-fuerte.

-cuando el arroz se ha quedado sin liquido, vuelve a echar el caldo, siempre removiendo (que pesado 😦 )

-repite este proceso hasta que notas que el arroz ya esta cocido.

-para finalizar, echa sal, un generoso trozo de mantequilla y no menos generosa cantidad del queso rallado; remuévelo todo hasta que la textura sea uniforme.

-déjalo reposar, con la tapa puesta, unos 10-15 minutos.

¡Buen provecho!

arroz red.

Para acompañar, una sencilla ensalada de lechuga y (mi elección personal) una cerveza 0,0 bien fría. Una copa de vino rosado Lambrusco (igualmente bien frío) es otra posibilidad excelente.

¿Y de postre? Ya que estamos en la temporada, ¡que mejor que un cuenco de cerezas frescas!

Para luego seguir con Bottesini, Rota, Ramsier…

Ay, madre… 😉